¿Cómo pude olvidarlo?, a lo mejor fue por preservar el misterio, por no querer decir todavía la verdad, pero creo que si quiero seguir escribiendo mi historia, sin miedo de hacerlo, tengo que decir tu nombre. Fernando, ese es tu nombre, pero usualmente escrito y dicho por mí, de la siguiente forma: Fer, por tu Facebook, y porque así te escribo cuando te hablo, así te digo cuando te pienso y  también cuando te veo.

Tendré que contar ahora lo que sucedió el primer semestre de 2010. Aquel inicio de ese año, puedo decir que fue cuando empecé a conocerte más. Después de nuestras múltiples visitas a Heaven, en las que íbamos con Alejandro, llegué a conocer tu parte más divertida, esa que me resultaba extraña. Pasaron los meses, incluso festejamos tu cumpleaños, fue el primero que pasé a tu lado. Pero realmente lo que puedo recordar de aquellos meses, en los que el amor estaba tan lejano a mi vida, era que, en esos días, lo único que me preocupaba era divertirme, pasarla bien, no pensar en nada más, quería comerme el mundo de un bocado e incluso de un trago.

Hasta que un día, también conocí a un amigo antipático de Alejandro, más bien a dos, porque hasta eran amigos, los cuales no me cayeron bien y desde que los conocí, y hasta hoy, si me los vuelvo a encontrar, no serían personas con las que quiera tratar. Sus nombres, Damián, de él ya he hablado, fue el que comenzó a salir contigo y Xavier. Por esas fechas también, conocí a otro Damián, pero con diferente apellido, Damián Villalobos, hasta hoy no puedo pronunciar su nombre sin el apellido, es mi forma de distinguirlos.

A Damián Villalobos, lo conocí porque, las casualidades del Facebook hicieron que nos conociéramos. Un día me agregó y al otro día estábamos hablando de nuestras vidas, vi sus fotos y dije:- ¿Por qué no?, me gusta…- Al conocerlo me di cuenta que la atracción era fácil de explicar, un niño muy bonito para mi gusto, aunque en lo personal, sé que tengo gustos muy extraños. Con él, me besé en el antro, un día en el que lo invite a salir. Fue la primera vez que ligaba en un antro gay, me sentía poderoso, sentía que nada me podía detener y que era atractivo para los demás. Lástima, el encanto de Damián Villalobos, sólo duró esa noche. Después de ese día, no nos volvimos a ver, a pesar de que insistí en repetir la salida, él comenzó a inventar mil pretextos, hasta que me cansé y por Messenger le dije que me gustaba, él, en cambio, me respondió diciendo que estaba saliendo con alguien más y que si quería, podía esperar y ver si las cosas entre ellos dos funcionaban, después podía existir una posibilidad para mí. Alejandro me había enseñado a nunca, pero nunca, ser plato de segunda mesa y decidí olvidarme de aquella noche de antro.

Esa experiencia me sirvió para darme cuenta o más bien recordar, lo obsesivo y desconfiado que puedo ser. Yo sospechaba que algo no iba bien, yo sospechaba que ese cuento de hadas que quería vivir no existía. Pero muchas veces le insistí en tener una respuesta, esperaba a que a él le diera la gana en contestar. Alejandro, en cambio me dijo que era sumamente obsesivo, que debía dejar que él me buscará, añadiendo que él, Alejandro, no podría andar con una persona que fuera tan aprehensiva como yo. Damián Villalobos se fue, sin pena, ni gloria, aunque hoy sea mi amigo y también sea uno de mis deseos sexuales pendientes, porque nunca pude tener nada con él. Pero de los deseos sexuales hablaré luego.

Siempre he sido obsesivo y dependiente de las personas. Más bien paso de una persona a otra. Estoy seguro que eso es a causa del divorcio de mis padres, cuando yo era niño, y de haber aprendido también de mi mamá a serlo. En 2008 me di cuenta que mi madre era sumamente obsesiva y compulsiva en sus relaciones, todo por el miedo a la soledad y creo que eso, lo he heredado eso. A lo largo de mi vida, ese ejemplo y la falta de mi padre, en mi vida, provocó que yo fuera dependiente de una persona a otra. La primera vez que viví una relación de dependencia fue con Pilar, una amiga en la secundaria, la cual vivió cosas muy difíciles, su hermano murió en un accidente, cuando cursábamos el segundo año de secundaria. Esa experiencia la hizo madurar, y ella se dio cuenta de mi dependencia, aún recuerdo una frase que ella me dijo, cuando teníamos esa edad. “No vas a ser libre, hasta que seas libre de ti mismo”, no sé si me lo dijo como una niñería o si lo hizo de verdad, pero esa frase ha tenido mucha razón, por eso es que ahora busco liberarme, escribiendo mi historia.

La segunda experiencia de dependencia que tuve, fue con Isaura, un año después de que Pilar me dejó de hablar, por motivos que aun desconozco, algunos decían que era porque estaba enamorada de mí. Con Isaura, no hubo problema, supe dejarla ir cuando le pase mi dependencia a Paulina, mi primer amor heterosexual, los meses que estuvimos juntos y en los cuales, nunca tuve el valor de confesarle mi amor, por eso de mi falta de confianza o por miedo a que me dejara de hablar. Durante ese tiempo, viví para ella, para verla, para hablarle y para estar juntos. A Paulina nunca le pesó esa dependencia, creo que hasta incluso la disfrutó, pero el día que me fui de la ciudad de México, fue el día más triste de mi vida hasta ese entonces. La pasé llorando por pensar que ya no estaría junto a ella.  De ahí aprendí a vivir, sin mi primer gran amor y la dependencia pasó a Adriana, la cual siempre dije que tenía un ligero parecido con Paulina, aunque la verdad solo quisiera buscar en Adriana, algo que me dijera que estaba cerca de mi confort, de Paulina. Con Adriana soporté gritos, humillaciones, mal tratos, ella sabía que yo quería que fuera mi novia, y se aprovechó de eso por mucho tiempo, hasta que me cansé y la deje. Ahí, nuevamente se encontraba mi dependencia, ese fantasma que cargo,  y que pasó a Aurora, una amiga, la cual le hablaba día y noche, salíamos y pasábamos mucho tiempo juntos. Ella se volvió mi confidente, hasta que los caminos se separaron.

Antes de entrar a la universidad, la dependencia pasó, de Aurora a alguien más y de nuevo de regreso a ella. Roberto, fue mi primera dependencia homosexual, aunque en ese momento no la aceptaba. Con él, fue una experiencia verdaderamente horrible. Al principio, era solo un amigo de borrachera y de la escuela, un día nos invitó a su cumpleaños, eso en el año 2008, y de ahí comenzó a ser más cercano conmigo. Nunca, en mi vida, había tenido un amigo hombre, siempre había preferido a las mujeres, y es que siento o creo que era, por querer ocultar que realmente me gustaban los hombres, por eso prefería mantenerlos alejados. Fue hasta que, con Alejandro, me di cuenta que la preferencia sexual no era algo de que avergonzarse y en ese momento comencé a llevarme con personas de mí mismo sexo, tanto que incluso lo hacía más que con las mujeres. Pero en ese momento, con Roberto, bajo el pretexto de ser mi amigo heterosexual, prefería mantenerlo cerca, pues no quería estar sin él.

Un día llegó a mi casa, sin previo aviso. Me vino a visitar y eso me alegró mi día, nunca, nadie había hecho eso por mí. Aunque el gusto duro poco, después él prefería ir a ver a su novia, la cual se convirtió en su tormento. Roberto era novio de Grecia, después de un tiempo su relación terminó. Él se desahogaba conmigo, me contaba sus penas. Yo escuchaba cada parte de su historia y de cierta forma, comencé a sentir celos por Grecia, yo quería estar con Roberto en todo momento, tanto que, con cualquier pretexto iba a verlo a su casa, a tomar unas cervezas, lo esperaba cuando salía del trabajo, ya que al fin trabajábamos juntos. Mi obsesión llegó a ser tan fuerte, que incluso, yo entraba a trabajar a las ocho de la mañana y él a las nueve, y salía a esperarlo para ver que llegará para fumar un cigarro con él, al salir, yo esperaba a que llegara su hora de salida. Eso pasaba todos los días, de lunes a viernes. Íbamos a comer, conoció a mis amigos y hasta la noche llegaba a mi casa, puedo decir que en esos meses, salía temprano de mi casa y no regresaba hasta la noche por estar con Roberto.

Un círculo vicioso que se repitió noche tras noche, día tras día. Llegó el final del año y el deseo sexual comenzó a nacer, quería estar con él, quería verlo, quería que me tocara y yo quería tocarlo. Mis fantasías volaban, pero no aceptaba que las tenía, eso era mi secreto. Un día, no recuerdo cuando, comenzamos a pelear por cualquier cosa, yo le discutía por su obsesión con Grecia y yo estaba obsesionado con él, no podía imaginar y no podía aceptar que estuviera con alguien más o que incluso pudiera tener sexo con ella.

Peleamos, nos dijimos cosas horribles, me dejo de hablar y como esposa desesperada fui a rogarle que me perdonara. Él me decía que nunca iba a llegar a hacer nada de mi vida, que si estudiaba psicología social no iba a ser nada. Hoy sé que estaba equivocado, y a la vez estaba en lo correcto, bueno, no me dedico a esa carrera, decidí cambiarla aunque fuera tarde. Aguante sus malos tratos, sus malas formas, día tras día, hasta que llegué y acepté mi nueva vida, eso me alejó de él, aunque después, en el 2011, cumplí mi deseo carnal con Roberto, al menos no me quedé con las ganas, y es que hubo otra persona en mi vida, alguien que hizo que yo me dedicara a buscar solo los placeres y de la cual hablaré más adelante.

Aurora también se fue cuando llegué a mi nueva vida, pero la dependencia no terminó. Alejandro fue quien comenzó a tenerla en un principio, me acostumbre a él pero nada más y poco a poco, me di cuenta de forma inconsciente, que tenía que pasarle ese fantasma a alguien más.

Damián, el otro Damián y Javier, llegaron a nuestras vidas y compartimos unas cuantas noches de borrachera y de antro. Javier pretendía engañar a su novio Anthony, con Alejandro y a él no le desagradaba la idea. Yo no sé qué le veía, para mí nunca fue atractivo. Damián, que se sentía, el gran empresario emprendedor, quería lograr algo contigo, en su tiempo lo obtuvo, tú le correspondiste, al menos un rato, porque después por miedo, y por qué no sabías como llevar una relación con otro hombre decidiste huir.

También tengo que aceptar, que eres de esas personas que sabe cómo amar, pero también sabe salir corriendo. Esos días, aquellos días, provocaron mis celos de una forma terrible, lo malo, es que no sabía si era por ti o por Alejandro, comenzaba a estar sumamente confundido.

La verdad es que Alejandro, nunca me desagradó físicamente, me atrajo siempre y ahí comencé a confundir el amor con compañía, pero no sabía por quién, si por él o por ti.

Un día me di cuenta que podrías ser alguien, que si me faltara, me causaría mucho dolor. Lo supe cuando nos separamos y ya no estaríamos en el mismo grupo de clases. Llegó el final del segundo semestre y tú, te irías a tu carrera, psicología clínica, yo me iría con Alejandro a psicología social. Había llegado el momento de separarnos y en ese momento, me di cuenta que te extrañaría tanto, tanto que era difícil de explicar, la última noche de antro de ese semestre, antes de que te regresaras a San Luis De La Paz por las vacaciones. te abrace con fuerza, creo que fue la primera vez que lo hice y te sentí cerca, como cada vez que te abrazo ahora y resulta increíble. Siento tu calor, tu corazón latiendo cerca del mío, es una cosa que nunca he podido explicar con palabras.

Me di cuenta que te extrañaba y te empecé también a conocer más. Hablábamos todos los días cuando te fuiste. Pero para ese entonces, creí que el amor había llegado a mi vida. Conocí a Iván, el primero que puede decir que fue mi novio. Lo conocí una noche de antro, la última de ese semestre. Todo era perfecto y tú te volviste mi confidente en esa historia, eras a quien le llamaba para contarle, tanto te hablaba que hasta me aprendí tu número telefónico por la frecuencia en la que hablábamos, supiste todo de esa relación, desde mi ilusión, hasta mis miedos, al ver que Iván podía dejarme en cualquier momento. Porque se notaba que a él le gustaba andar con uno y con otro, o más bien coger con uno y con otro.

Con él perdí mi virginidad. Realmente lo quería, no sé si lo amaba, pero lo quería. Antes decía que lo amaba, sentía que era el indicado, al menos eso creí. Eso lo supiste tú, de eso te enteraste, de mi ilusión y de todo lo que viví. La frecuencia de las llamadas provocó que tuviéramos nuestro primer pleito, no recuerdo porque, pero sé que fue porque quería saber más de tu vida, y tú aun no tenías la suficiente confianza como para contarme todo lo que te pasaba, creo que el primer pleito fue porque siempre dije, que no creía que fueras bisexual, y que tenías miedo de aceptar tu verdadera preferencia.  En ese momento me pusiste un alto, de esa discusión recuerdo, que dijiste que si quería que las cosas entre los dos funcionaran aprendiera a respetarte. Eso me quedó muy claro y preferí no insistir más, pues no quería perderte.

Recuerdo que me decías también, que al entrar a tu nuevo grupo las cosas cambiarían, de cierta forma me dabas a entender que no pretendías que nadie se enterará de tu gusto por los hombres y que querías cuidar tu imagen, siempre has sido muy cuidadoso con eso, con el “qué dirán”, aunque a veces eso me frustre. Tal vez porque yo soy de las personas que no le importa mucho lo que puedan decir.

Eso me daba miedo, sentía que podía perderte y pensé, que por apariencia, podrías dejarme de hablar, me dio miedo y por eso preferí mantenerme cerca, pero también no hacerte enojar. Lo que son las cosas, a pesar de que cambiaste de grupo, nunca no separamos.

Antes de terminar ese semestre, compartimos el primer viaje juntos, fuimos a Tequisquiapan, bebimos los dos, convivimos los dos, a pesar de que íbamos con un amigo, que prefirió divertirse lejos de nosotros esa tarde. Héctor Barrios, el otro Héctor, el mismo que nos encontramos años después en España.

Habíamos comenzado a escribir una historia juntos sin saberlo, pero nuevamente la vida nos traería más sorpresas, la convivencia nos acercaría más y tú, por fin, me empezarías a tener confianza.

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