Este frio de invierno me recuerda a las noches que pase contigo en España, uno de los capítulos que más ansío contar, describirlo y volver a vivirlo. En ese momento, el sentimiento y el amor que siento por ti estaban bajo control, casi imperceptible.

Ayer tembló en la ciudad de México, eso dicen las noticias. Científicamente hablando, el epicentro de un sismo es el punto donde converge la energía. En ese momento de la historia, el momento que estoy contando, que habla de los primeros años de conocerte, es un momento en el que podría pensar que las placas tectónicas se empezaron a mover y hubo un punto, que quiero descubrir al seguir hablándote en estas líneas, donde se provocó aquel terremoto que después de varios años no termina y amenaza con dejarme sin nada.

Te volviste mi confidente en mi primer noviazgo, también fuiste testigo de cómo mi relación se fue cayendo y perdiendo. Entramos cada uno de nosotros a nuestra carrera, tú empezaste otra etapa de tu vida, pero no por eso me dejaste a un lado, en cambio, comenzamos a acercarnos más, comencé a conocerte más. Bien dicen que no acabas de conocer a una persona en toda la vida, creo que es cierto, hasta hoy no puedo decir que te conozca totalmente, pero, a pesar de eso, creo que estoy cercano a conocerte en la totalidad.

Realmente ese semestre comenzó de una forma un poco extraña. Seguíamos viéndonos, pero solo cuando tú salías de clases. Los momentos en los que realmente estábamos juntos era cuando a Alejandro se le ocurría ir a tomar a tu casa. Seguías viviendo en sur de la ciudad, en Tejeda, en esa casa que amé y disfruté, porque fue como un segundo hogar para mí.

En mis recuerdos están los momentos en los que iba a visitarte, recuerdo que nuestra frecuencia de hablar, de cualquier tontería por teléfono, pasar horas hablando, a través del número gratuito en el que te di de alta, y tenía que colgar antes de los cinco minutos, esa cotidianidad provocó que nos tuviéramos más confianza.

Me gustaba cuando, en una llamada, me preguntabas si podía pasar por ti a la parada del camión, cuando regresabas de San Luis de la Paz. Yo te veía ahí, llevaba tus cosas en mi carro y llegábamos a tu casa. Había varios domingos en los que tomábamos café, hablábamos de las cosas de la vida y me preguntabas por mi relación con Iván. Yo te conté en una de esas noches, que quería regalarle algo, pues cumpliríamos meses de conocernos. Te mentí diciendo que él era mi novio, realmente no lo era, esa relación nunca tuvo esa etiqueta, aunque yo prefería pensar que era así. Te emocionabas cuando te contaba mis planes para regalarle algo, me dabas sugerencias, pero también me decías que tuviera cuidado, que no lo quisiera tanto, porque al querer tanto a alguien puedes salir lastimado. No te equivocaste nunca en tus consejos, todo lo que me dices, siempre resulta ser verdad aunque lo niegue o me desagrade pensar que tienes razón.

Amé tanto tu casa, pero amé aún más el sueño que pensé, había ocasiones en las que imaginaba que podría vivir. Tenía un trabajo estable, podía pensar incluso en salirme de mi casa e irme a vivir ahí, contigo, hubiera sido genial, pero él hubiera nunca existe ni existirá. Me sentía tan bien de compartir tu espacio, tu tiempo y de incluso pensar que ese podría ser un hogar para compartir contigo, ese sueño nunca llegó, nunca se hizo realidad. Pero lo que si era realidad, era pasar las tardes de domingo, viendo televisión, platicando, tomando café o una cerveza. Eso sí fue realidad y es un recuerdo que aún prevalece en mi memoria.

Algo pasó en aquellos meses, algo de lo que me di cuenta después. Al estar en el salón de Alejandro, y digo su salón de clases y no el mío, porque realmente nunca me sentí parte de él, pasó mucho tiempo para que realmente considerara a un grupo de clases como mío. Ese tiempo me llevó a conocer a tres personas. Alejandra, la cual era novia de Ariadna y a Germán. A él lo conocí en el grupo de clases, de inmediato supe que era gay, bien dicen que entre nosotros nos reconocemos, no sé si por sexto sentido o por que sucede como, cuando una manada de animales reconoce a los suyos y sabe quiénes no lo son. Tú sabes bien por qué tengo que hablar de Germán.

Pasaron los meses, viajé a Guadalajara con Alejandro, pasamos unas noches de exceso y de alcohol que en ese momento disfrute, pero que después me cansé de vivir, pero estoy hablando de mucho tiempo después. En ese viaje descubrí o más bien confirmé lo que pensaba de Germán, él confesó que le gustaban los hombres, pero ese no fue el problema. El problema fue que después de un tiempo visitamos Cortázar nuevamente, tú ibas conmigo, pero esa noche no solo estaríamos los tres amigos de borrachera, esa noche habría un invitado muy especial. Ahí fue cuando conociste a Germán.

Él se enamoró de ti al conocerte. Y como no iba a hacerlo, al conversar contigo se dio cuenta de lo que yo ya sabía, que eras interesante, que eras increíble, que cualquiera podía derretirse con lo que decías y con tu forma de ser.

Lo que voy a contarte ahora lo supe después. El comenzó a buscarte. Tú , que siempre has tenido el gran defecto de no saber decir que no, empezaste a frecuentarlo, a salir con él. Germán al pensar que eso podría significar una esperanza se comenzó a ilusionar más. Mira que rara es la vida o que estúpidos podemos ser a veces, yo nunca he aprovechado eso de que no sabes decir que no, si lo supiera manejar a mi conveniencia creo que ya estuviera contigo. Pero comprendo que es mejor así, aunque a muchos les hayas dado las oportunidades que a mí ni siquiera me has presentado o más bien no he aprovechado.

Germán empezó a salir contigo y si hay algo que tu odias es la intensidad de la gente, tal vez también, por eso es que nunca sepas lo que siento, porque es tan intenso, tan fuerte que seguramente te daría miedo, o que se yo, a lo mejor susto.

Él cometió el error de decirte que se había enamorado de ti, a ti te dio miedo, se te hizo demasiado intenso y después ya no encontrabas la forma de quitártelo de encima. Lo que sé es que nunca te gustó físicamente, así como yo tampoco te gusto, sin embargo él tuvo la oportunidad que yo no he tenido y que estoy seguro hubiera sabido aprovechar, o quien sabe, porque la verdad es que tengo que admitir que muchas veces me he equivocado contigo. De toda esta historia me enteré por accidente, o por casualidad tal vez. Alejandro y yo habíamos visto en muchas ocasiones, mientras estábamos en clase que Germán no entraba a clases y que se quedaba contigo afuera, platicando o incluso se iban de la escuela, empezamos a sospechar y bromear sobre que algo pasaba entre ustedes y la confirmación llegaría mucho tiempo después.

Casi al final de ese año, Germán, Alejandro y yo salimos a tomar. Eran como las siete de la noche cuando llegamos  a casa de Alejandro, yo estaba cansado y decidí marcharme. Toda la noche Germán había estado diciendo que brindaba por alguien, de quien había estado enamorado y que lo había dejado. No dio más especificaciones, y yo, pensando que se trataba de una tontería decidí marcharme a mi casa y dejar que Alejandro y Germán se quedaran a beber.

Después me enteré que esa noche, que siguieron bebiendo, que Germán le contó que, de la persona que se había enamorado eras tú. Le contó cómo fue, y pienso que eso ayudo a herir bastante fuerte el orgullo de Alejandro, quien por calentura lo sedujo. Germán que estaba enamorado de ti se acostó con él, pero varias veces durante el acto dijo tu nombre. Eso me lo contó Alejandro después, diciendo que se sentía mal porque pensaba que se había humillado o que más bien, lo habían humillado.

Al día siguiente llegué a clases y noté que Alejandro estaba extraño, lo noté raro pero al preguntarle que sucedía no obtuve respuesta. No soy idiota, rápidamente me di cuenta de que Alejandra y Adriana sabían exactamente lo que estaba sucediendo. Comencé a alterarme. Si hay algo que me desagradé es que me nieguen las cosas, que me digan que no pasa nada cuando sé que si pasa algo.

Alejandra fue la valiente que se atrevió a decirme lo que estaba sucediendo, a contarme que Germán estaba enamorado de ti. Lo más gracioso de esto es que yo sospechaba que algo ocurría, y pensé incluso en preguntarte si sabias que era. Te encontré cuando ya te ibas y tu negaste todo, aunque realmente sabias lo que estaba pasando.

Cuando Alejandro se atrevió a confesarme lo que había hecho sentí rabia, le reproche que te hubiera hecho eso, no sería la única vez que te hiciera algo así, pero en ese momento, creo que lo hizo convencido de demostrar que él podía tener a cualquier hombre que quisiera, incluso si fuera prohibido. Creo que siempre te tuvo envidia, desde ese entonces y es que tú y él son muy diferentes, tú le llevas mucha ventaja en todo, eso es lo que hace que muchos sintamos morir por estar a tu lado.

Después de eso no pude evitar contarte las cosas, no hay nada que pueda esconderte, siempre te digo todo, bueno casi siempre, al menos esto no lo he dicho, nunca te he dicho que te amo de la forma en la que te amo. Tú escuchaste lo que tenía que decirte con tranquilidad, al final, estabas feliz porque te habían quitado a quien no querías tener en el sentido referente al amor y no tenías el valor para despreciar.

Adriana, la novia de Alejandra, por su parte pensaba que Alejandro quería acostarse contigo. Ella en una noche que se le pasaron las copas y se dio cuenta que yo me enojaba por pensar que algo así sucedería. Hasta una noche estalló diciéndoles a gritos a Alejandro y a ti que si querían tener sexo lo tuvieran pero que se dieran cuenta que me lastimaban, claro, mucho tiempo después aclaraste que nunca podrías tener nada con él y que nunca había pasado nada entre ustedes.

Alejandra y Adriana se alejaron de nosotros y me dejaron con Alejandro y contigo, aquí es donde comprendo las diferencias entre ambos, si hay alguien que me conoce eres tú, si hay alguien con quien puedo platicar de lo que realmente siento es contigo, si hay alguien que sabe mis defectos y mis virtudes eres tú, y si hay alguien que me admira y me respeta eres tú, Alejandro nunca pudo compararse contigo.

Llegó el 2011. Yo estaba enfrascado en mi trabajo como operador telefónico, más que en mi carrera, profesión que no soportaba y por la cual no sentía pasión. Los excesos continuaron. Yo comencé a ganar bastante bien. La historia de Iván llegó a su final después de un tiempo, por fin había logrado que fuera mi novio. Como siempre, tú fuiste el primero en saberlo, me felicitaste y me deseaste de todo corazón que fuera feliz, pero nuevamente esa advertencia maldita de que todo podría ir mal llegó y me dijiste que no me ilusionara. Como siempre digo y diré, tuviste razón.

Decidí no preocuparme por nada más,  Iván dejó en mi vida es el miedo a pensar que cualquier cosa puede quitarme a quien amo por solo estar cerca, lo único que hizo fue hacer crecer en mi la inseguridad, como no iba a hacerlo si lo único que le faltaba era ponerme el cuerno en mi cara. Pero vendría algo que me afectaría mucho, pero mucho más.

Por esas fechas llegó la primera noche que compartimos juntos, la primera noche que pasé contigo, aunque fuera como amigos. Uno de esos días fue la primera vez que dormimos juntos, después de una noche de antro, en la misma cama, sintiendo tu calor, ese calor que extraño desde hace muchos días, porque amo ver tu respiración cuando duermes, porque amo abrazarte cuando duermes, porque mis sueños son mejores cuando estás conmigo.

Ahorita, en esta noche, en la que seguramente estas dormido y en la que yo me he desvelado recordándote, escribiéndote, como si pudieras escucharme o leerme, pienso que estas palabras pueden llegar a ti en un sueño. Al menos esa sería la manera perfecta en la que te dieras cuenta de cómo te amo. Te extraño en este momento, extraño dormir contigo porque hace casi dos años que no dormimos juntos, que no pasamos una noche juntos, que no me proteges del frio o del miedo abrazándome hasta quedarnos dormidos.

En este momento es cuando te extraño, en este momento es cuando quisiera tenerte aquí. Pero ahora dormiré, dormiré, soñando en un mundo ideal en el que este amor no es un imposible y que estás conmigo. Como mi amor eterno, como el amor que siempre he querido. Lo mejor es soñar que tú me amas como yo, aunque al despertar, la realidad, me diga que ha sido, solamente un sueño.

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