Preocúpese: en el caso criminal más importante que ha

enfrentado la Procuraduría General de la República (PGR) en

el actual sexenio el papel principal correspondió a un grupo de

peritos argentinos, que ocuparon un vacío de credibilidad y

capacidad técnica dejado por las autoridades mexicanas.

Ahora, días después de que el procurador Jesús Murillo Karam

anunciara su “verdad histórica” a la opinión pública nacional e

internacional, declarando que oficialmente los 43 normalistas

de Ayotzinapa se consideran fallecidos, los argentinos han

revirado afirmando que  “no hay evidencia científica” para

sostener tal afirmación y se ha incurrido en una “lectura

parcial de las evidencias”.

Se trata no solo de una descalificación brutal a los dichos de

Murillo Karam, sino de un acto político con consecuencias

severas para la PGR, el gobierno federal e incluso la paz social

de diversas regiones del país. Tal afirmación habría sido

contundente en cualquier momento, pero ya en la recta final

hacia las elecciones intermedias se eleva su relevancia y su

impacto mediático.

Aunque la PGR ha revirado, su respuesta ha tenido un tibio

recibimiento de la opinión pública, pues se trata de su palabra

contra la de una institución cuya solidez técnico-científica y su

probidad son reconocidas internacionalmente. El Equipo

Argentino de Antropología Forense es una organización no

gubernamental sin fines de lucro, con más de 30 años de

experiencia que trabaja actualmente en cuatro continentes.

Sus labores han sido requeridas en una treintena de países.

Por otro lado, tenemos a una PGR que históricamente ha

estado subordinada al poder presidencial y que desde

anteriores sexenios ha actuado judicializando la política y

politizando la justicia. Entre la PGR del “michoacanazo” y la

de la “verdad histórica” no hay diferencias esenciales.

El problema no radica en esta polémica, que es tan solo una

anécdota pasajera; se trata tan solo de un síntoma de una

enfermedad que corroe a gran parte del Estado: la

partidización.

Porque mientras las instituciones sigan teñidas de ideología y

marcadas por un sello partidista, mientras las decisiones se

tomen con el ojo puesto en las encuestas de rentabilidad

electoral, mientras los ciudadanos de bien no ocupen los

cargos decisivos a pesar de no tener militancia, sucesos como

este enfrentamiento entre la PGR y los peritos argentinos

seguirán repitiéndose, en un ciclo de desprestigio nacional e

internacional para el Estado mexicano.

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