Hay días en los que parece que no tenemos ningún problema y que convivimos en paz sin

pelearnos, pero también hay días en los que estamos juntos y provocamos peleas sin

razón, siempre por cualquier tontería. Ahora fue uno de esos días en los que estamos en

paz, no pasa nada entre nosotros y hasta nos divertimos haciendo planes a futuro y

pensando en lo que vendrá para nuestras vidas.

Se acerca la Navidad y probablemente estaremos juntos, no podría ser de otra manera,

Siempre, en fechas especiales, los dos estamos cerca, y es que pueden venir muchas

personas a nuestras vidas, pero esas personas se van y solo quedamos tú y yo.

A veces te molesta que te pregunte tanto de lo que haces o dejas de hacer, no puedo

evitarlo, me importa todo de ti. No es por obsesión ni mucho menos, simplemente que

me gusta saber cómo estas y cómo te sientes.

Me preocupé por pensar que tenías alguna deuda cuando me dijiste que irías a pagar al

banco, después supe que era un depósito a tu mamá, sin embargo jugaste diciendo que

no me dirías nada, sabes perfectamente que eso aumenta mi curiosidad, no me gustan los

misterios contigo, solo tengo un misterio contigo, ya te lo he dicho antes en estas

palabras. Te quejas y dices que no soy tu novio para saberlo todo de ti, pero aun así me lo

dices.

He notado muchas veces, que nuestra relación se ha convertido en esas relaciones que

con el tiempo y con ayuda de la costumbre provocan que dos personas permanezcan

juntas, a veces peleando y a veces queriéndose.

Te conté, que una de nuestras amigas, que al principio era mi amiga y que conociste por

esa cercanía que tenemos, había terminado con su novio de varios años. Al escuchar eso

me dijiste que eso pasa con todas las relaciones, las personas conviven diario y se vuelve

costumbre, mi pregunta es: ¿Cómo es que nosotros hemos podido sobrevivir juntos cinco

años? Sin terminar mandando todo al carajo, soportando peleas, disgustos, decepciones,

mentiras, engaños, pasiones y amores. Al final, en buenos pero a su vez malos y a la vez

increíbles momentos quedamos tú y yo. Y me pregunto si al pasar el tiempo seguiremos

aquí.

Una vez, en una noche, la cual llevo en mi memoria por las cosas que dijimos, me dijiste

que tenías miedo de perderme, fue la única vez que lo has dicho, me pediste perdón por

lo que muchas veces peleo contigo pidiéndote que te disculpes por no entenderme, dijiste

que no imaginabas tu vida sin mí y yo traté de demostrarte que debía continuar mi camino

contigo o sin ti, lo cierto es que no podría hacerlo, me dolería perderte, eso lo puedo jurar.

No sé cuándo, ni como fue o como sucedió, creo saberlo pero no hay un punto específico,

pero hubo un momento en el que comenzamos a discutir por cualquier tontería. No sé

cuándo te aferraste a llevarme la contraria y yo a hacerte enojar por cualquier cosa.

No fue en la época que ahora te contaré, no fue cuando conocí a Esaú Mendoza, cuando

creí tener el mundo en mis manos y quise beberme la vida de un trago.

En aquella época, mi trabajo en el Contact Center de Santander, me dio la oportunidad de

ganar muy bien, casi como profesionista, y sin tener un título. Pero cuando el dinero llega,

a una etapa tan inmadura, no sabes cómo controlarlo.

Ganando mucho dinero, a lado de Paco, de Alejandro y de ti, me bebía la vida de un trago

literalmente. Cada jueves y sábado, solíamos pasarla en Heaven, en aquellas noches no

escatimaba en gastos, ni en lujos, si quería comprarme algo o tenia antojo de algo, lo

satisfacía, el dinero no era problema.

Cada noche de borrachera gastaba alrededor de mil pesos, comprando casi una botella

por persona para mí y para ustedes, si me acompañaban. Gastaba en ropa como quería, si

no me gustaba mi atuendo era sencillo, iba en ese momento a un centro comercial y me

compraba otra cosa, disfrutaba esos lujos.

Una noche de excesos me llevó a pedirle, al amigo de una amiga de un lugar donde

trabajé que nos acompañara. Él pasaba por una decepción amorosa, había terminado con

su novio de varios años, estaba devastado. Ahí es donde se aplicó tu creencia y tu idea de

la costumbre, una relación de cinco años ya no pudo aguantar más, y así fue que Esaú

llegó a nuestras vidas.

Esa noche de antro, en la que no es necesario explicar que había bebido de más, se

sumaron varias cosas adicionales al alcohol. La primera, Esaú estaba decepcionado, yo

estaba ebrio y cuando estoy ebrio siempre se me sube la calentura, se cumple lo que decía

Jenni Rivera, “Tomamos tequila y las aflojamos”, aunque no tomara tequila precisamente.

No sé cómo fue, pero comencé a besarme con él, lo más gracioso de esto es que Esaú, al

platicar conmigo, antes de esa noche, me decía que le presentara a un amigo, no pensé en

Alejandro, ni en cualquier otro, pensé en ti porque te creía el más adecuado, el más

maduro, el más interesante.

Una noche antes de eso, Esaú se quedó a dormir con nosotros, en tu casa, en la misma

cama. Se quedó en medio de los dos y en la noche comenzó a tocarte, fue evidente que le

gustaste, nuevamente, ¿cómo no iba a ser así?. No me dieron celos, pues me quedé

profundamente dormido y no me di cuenta, aunque después, unos días después, me

contaras que comenzó a tocarte y tú te diste la vuelta y lo ignoraste.

Regresando a la noche del antro, los besos subían de tono, la borrachez me hizo decidirme

y le propuse que nos fuéramos del antro a un lugar más privado. Ese momento me

recuerda a las escenas del personaje de La Reina Del Sur, Paty O´Farrell, que siempre has

dicho que se parece a mí, no solo por el amor imposible por la mexicana y porque dices

que se parece en personalidad a mí, sino por lo alocado que me comporté esa noche.

Nos fuimos a un motel barato, Esaú Mendoza y yo nos dispusimos a tener relaciones

sexuales, pero estaba tan ebrio que no pude hacerlo con él, no paso de un momento de

calentura pues estábamos demasiado ebrios, ni siquiera me di cuenta que los había

dejado solos, sin dinero como regresar, se quedaron Paco, Alejandro y tú en el antro sin

saber a dónde había ido, de eso me di cuenta hasta que desperté, con la cruda en la

cabeza que me impedía pensar con claridad.

Fue así como comencé una relación con Esaú Mendoza, a pesar de que debí entender que

era, simplemente una relación de una noche y nada más. Tú me perdonaste por dejarte

ahí abandonado, y es que no hay cosa que no me perdones, aun no lo sé con certeza, tal

vez no me perdonaras que haya callado todo esto que te escribo.

En esa relación, soporté muchísimas cosas, comencé a depender de Esaú, eso fue lo malo,

comencé a vivir para él, a buscar estar con él día y noche. Deje de verlos a ustedes, él no

me pedía que lo hiciera, pero yo lo hacía con tal de verlo feliz conmigo, y por preocuparme

por él y por nada más, comencé a decaer en mi trabajo. Al saber que él tenía problemas

económicos y que además no tenía trabajo, comencé a buscar la forma de que entrara a

trabajar al Contact Center, donde estaba yo. Lo consiguió. Pero lejos de agradecerme,

seguía recordándome que era muy diferente a su anterior novio, que era un inmaduro y

que no sabía lo que quería. Me daba a entender que carecía de ser interesante, que yo,

era solo un niño que quería seguir viviendo en el exceso y la locura de la juventud. No

dejaba de compararme con su ex, lo hacía a pesar de que le di todo cuanto pude, si

necesitaba dinero se lo daba, si quería algo lo complacía, pero si quería terminar la

relación, le rogaba por qué no lo hiciera.

Todo lo soporté y tú, en ese momento, conociste a dos personas. Antonio y Mauricio, dos

amigos que pudieron pasar desapercibido a excepción del último. Muricio era bien

parecido, muy guapo y atractivo, a ti te gustó, pero tu timidez te impedía acercarse a él.

Yo te alentaba para que lo hicieras y es que siempre he dicho que él ha sido el mejor novio

que has tenido, el único que no es una basura, como muchos que han pasado por tu vida.

A Mauricio lo consideraba el candidato idóneo para ti, el problema fue que Antonio

también se fijó en ti y comenzó a darte todo, así como yo lo hacía con Esaú, incluso te

llevó a un concierto en León, Guanajuato y pagó el hotel, lo gracioso de esta historia es

que Antonio, fue mi rival de amores cuando yo estaba con Iván. Según la versión que

después pude reconstruir con las versiones de ambos, Antonio estaba enamorado de Iván

y tenía celos de mí, por cada vez que se enteraba que salía conmigo, y cabe aclarar que

Iván no le correspondía. Hay que aceptar que Antonio no es muy agraciado físicamente,

resulta que él comenzó a seguirte, a quererte enamorar, pero te supo distante y tú de

inmediato, al percatarte de ello, le pusiste un alto. Sin embargo, él, en vez de aceptar su

derrota, comenzó a decirnos a todos nosotros que se había acostado contigo. Cuando

escuché esa versión no lo creí, se me hizo muy estúpido, sabía que no lo habías hecho y

después nos enteramos de que era mentira y que Antonio solo estaba frustrado por saber

que nunca te tendría de la forma que esperaba. Antonio decidió apartarse, dejar todo y

eso te permitió acercarte a Mauricio, empezarlo a conocer más y aproximarse a una

relación.

Yo terminé con Esaú, cuando tú estabas en San Luis de la Paz, a causa de las vacaciones de

verano, terminé con el cuándo descubrí que se besaba con un chavo con el que

anteriormente yo me había acostado en una noche de borrachera. Esa decepción me llevó

a la peor tristeza y depresión de mi vida, me sentía humillado, sentía que no valía nada.

Incluso después de que él, al enterarse que mi enojo era por besarse con el otro, me

rompió en la cara un disco que le regalé, no podía perdonarlo después de eso, me había

lastimado demasiado. De eso no te enteraste hasta que te llamé para contarte y me

consolaste, como solo tú sabes hacerlo.

Lo que sé es que Esaú se fue y me dejó una dependencia terrible, dependencia que debía

canalizar y que agradezco a Dios que no lo hice contigo, si no te hubiera perdido, esa

dependencia estaba maldita. También me dejó una enorme desconfianza en mí mismo y

una certeza de que cualquier hombre que dijera quererme me engañaría. Algo si tenía

claro, me portaría como él, buscaría cualquier momento para tener sexo con un hombre

sin pensar en el compromiso, daría vuelta al corazón y no le haría caso al sentimiento, eso

era lo mejor, satisfacer las necesidades corporales y nada más, ¡Vaya que lo cumplí!.

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