El Papa Francisco (i) recibe a una pareja durante una audiencia celebrada con motivo del día de San Valentín en la Plaza de San Pedro, en Ciudad de Vaticano, donde se reunió con 20.000 parejas de 28 países de todo el mundo el pasado 14 de febrero
El Papa Francisco sorprendió el viernes a los cardenales de todo el mundo, reunidos en el Vaticano, aplaudiendo sin reservas la presentación introductoria de dos horas realizada por el cardenal Walter Kasper el día anterior, que propone readmitir a la Eucaristía a algunos divorciados vueltos a casar que cumplan requisitos muy específicos.

Con buen humor, el Papa reveló al centenar y medio de cardenales que «ayer por la noche volví a leer -¡pero no para dormirme!- el trabajo del cardenal Kasper, y querría darle las gracias porque encontré teología profunda y pensamiento sereno. Es agradable leer teología serena».

Para sonrojo del cardenal alemán, prestigioso profesor en Tubinga y Münster antes de venir a Roma a encargarse de Ecumenismo durante una década, el Papa dijo que su ponencia «me ha hecho bien, y me ha traído a la cabeza una idea… Perdóneme si le sonrojo, pero la idea es esta: esto se llama hacer teología de rodillas. Gracias, gracias».

En su texto, que el Vaticano prefirió no difundir por considerarlo material de trabajo interno de los cardenales, Kasper recuerda que el matrimonio sacramental ante la Iglesia es indisoluble, pues así lo declaro Jesús.

El cardenal alemán -que cumplió ochenta años el 5 de marzo pero participó en el Cónclave pues tenía solo 79 el 28 de febrero- señala también que no sería solución honrada simplificar los trámites para las anulaciones, pues la mayoría de los católicos no las piden cuando son conscientes de que su matrimonio ha fracasado pero no fue nulo.

La indisolubilidad del matrimonio excluye, por tanto, un segundo matrimonio sacramental, posibilidad que admiten, en cambio, las Iglesias ortodoxas con ciertas modalidades.

Divorciados que se casen por lo civil

La propuesta de Kasper, que pasará a estudio de los Sínodos de Obispos de octubre del 2014 y octubre del 2015, no se refiere a divorciados que formen después parejas de hecho sino sólo a los que contraigan un matrimonio civil. El cardenal alemán propone que, en ese caso se podría admitir a la Eucaristía a un número relativamente menor de personas que cumplan varios requisitos.

Sustancialmente, que el primer matrimonio haya resultado irremediablemente roto sin culpa del interesado y que se admitan las posibles obligaciones de aquel primer matrimonio. Al mismo tiempo, que el segundo matrimonio haya generado nuevas obligaciones que sea necesario respetar, y que la persona interesada tenga tanto un vivo interés por educar a los hijos en la fe cristiana como un vivísimo interés en recibir los sacramentos.

El cardenal Kasper presentó su propuesta como una mera posibilidad, sin empujarla ni «reforzarla» con excesivos argumentos. Era, tal como dijo el Papa, un ejemplo de «teología serena», muy distinto de otros de «teología vociferante» o de «teología chantaje», que suelen abundar en torno a este tema.

El aplauso del Papa ante el resto de los cardenales habrá enrojecido a Walter Kasper pero no le habrá sorprendido pues en su primer Ángelus, el Santo Padre elogió el libro del purpurado alemán sobre la misericordia.

A la salida de la reunión del jueves, Kasper se había parado a comentar su ponencia con un pequeño grupo de periodistas. Con toda naturalidad reconoció que había pedido algunas sugerencias al Papa y que Francisco le había dicho: «Debes plantear preguntas, preguntas que hagan pensar».

Su ponencia revistió, pues, la forma de una pregunta: ¿Se podría admitir a algunas personas a la Eucaristía en determinados casos? La respuesta corresponderá, en un proceso de dos años, a los dos Sínodos de los Obispos sobre la familia y, finalmente –en torno a enero del 2016-, a la exhortación apostólica que publique el Papa.

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