Decía Carlos Monsiváis que “un voto nulo o en blanco significa abdicar

de la condición ciudadana”, muy en contra de los discursos que lo

promueven ignorando lo nocivo de la abstención.

Ciertamente, desperdiciar el voto es una decisión personal, pero no

debe tomarse sin consciencia de que el sufragio nulo es estéril y la

abstención una irresponsabilidad: quien no vota es un habitante, no un

ciudadano, mientras que el que vota cumple y decide.

En la competencia política mexicana, con errores pero auténtica, los

ciudadanos tenemos la magnífica oportunidad de decidir mediante las

urnas nuestro propio destino en comunidad. Nuestra democracia,

aunque incipiente, se funda en el voto universal, libre y secreto. Este

tiene consecuencias jurídicas que demandan un elevado sentido de

responsabilidad a quienes somos electores.

El sufragio es un instrumento individual de expresión política que

debemos emplear en forma personalísima y del que nadie puede ni

debe ser privado. Es una función pública, un deber cuyo titular es cada

ciudadano.

En esta jornada tenemos otra vez la oportunidad para trascender la

deplorable realidad presente, de la que cotidianamente nos

lamentamos, y comenzar la construcción del país que anhelamos.

Recordemos que en cada contienda electoral el sufragio es el punto

de partida para que enfrentemos retos los comunes. Nos sirve para

elegir a nuestros gobernantes y representantes populares, para ser

parte activa de la vida del Estado y participar en la decisión de lo que

consideremos mejor para el bienestar general.

Muy por el contrario, no votar o anular el sufragio es dar la espalda al

esfuerzo que millones de mexicanos hicieron durante décadas, por

generaciones enteras de entrega cívica y sacrificio democrático. Es,

además, cerrar la puerta a la participación postelectoral: quien de

entrada renuncia a votar, también pierde su derecho a quejarse.

En razón de lo anterior, invitamos a los electores a serlo con

responsabilidad y a ejercer su derecho a sufragar anteponiendo su

lealtad a México; pensando en nuestro futuro como nación y

ratificando el primordial deber social al que todos estamos obligados,

razonando y reflexionando en función del bienestar de todos, haciendo

valer su libertad y votando por quienes mejor les representen el interés

nacional.

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