“El silencio de las víctimas y la invisibilización del problema, así como la inacción del Estado, permiten que estos casos de suma violencia se sigan manteniendo en la impunidad”.

La sociedad ha tratado de “corregir o curar” a personas homosexuales a través de distintas vías como si se tratara enfermedad. Sin embargo, existen dos prácticas que llaman la atención por la saña con la que se ejecutan: las “terapias de conversión gay” y las “violaciones correctivas”.

La primera hace referencia a un grupo de personas que intentan convertir a homosexuales en heterosexuales mediante la orientación e imposición de restricciones al modo de vida; sin embargo, la segunda trata de “corregir lo que está mal” a través de la violencia sexual contra mujeres lesbianas. 

El Informe Anual sobre Derechos Humanos de Personas Trans, Lesbianas, Gays y Bisexuales 2014-2015 en Perú, elaborado por Promsex y la Red Peruana TLGB, recoge testimonios de mujeres que han sido víctimas y oprtaron por quedarse calladas durante mucho tiempo. La mayor parte de estas “violaciones correctivas” son realizadas familiares o vecinos. 

¿Por qué?

Pese a que la violación correctiva es considerada por la ONU como un crimen de odio, hay casos en los que la agredida denuncia la violación pero no menciona los motivos por los que fue abusada, es decir, nunca señala que fue víctima de la idea de ‘corregir su lesbianismo’. A veces las víctimas no lo dicen por vergüenza, miedo o revictimización por parte de las autoridades.

En general predomina “el silencio de las víctimas y la invisibilización del problema”, pues en los pocos casos donde hay denuncia no se explicita el motivo de odio hacia la orientación sexual de la víctima y no tampoco se exhibe la inacción del Estado, sostiene el informe. 

En el caso de Sudáfrica, las víctimas son a menudo mujeres negras, lesbianas, y marginadas. Ni siquiera la brutal violación en grupo y el asesinato en el año 2008 de Eudy Simelanede, heroína nacional y antigua estrella de la selección sudafricana de fútbol femenino, logró darle un vuelco al problema luego de que el propio Ministro Radebe insistió en que el motivo es irrelevante cuando se trata de crímenes como la ‘violación correctiva’.

¿Y en México?

En México tenemos el caso de Yakiri Rubí quien insólitamente paso en prisión más de un año por haberse defendido de un ataque sexual dando muerte a su agresor. 

“Lo que subyace detrás de este caso nos habla de aquello que durante años los medios mexicanos han acallado: los crímenes de odio contra mujeres lesbianas. El caso de Yakiri Rubí se ha convertido en un símbolo, porque ella es una joven brillante de 20 años, que en su barrio, Tepito, ha trabajado como activista y promotora cultural desde adolescente. Ella es parte de esa nueva generación de mujeres jóvenes que saben defender los Derechos Humanos con una perspectiva incluyente y profesional. Es en ese contexto que Yakiri vivía en congruencia su vida amorosa con su pareja mujer, a quien iba a visitar cuando fue raptada y violada en el hotel Alcázar de la Ciudad de México”, señaló el portal Sin Embargo. 

Yakiri Rubí fue arrestada por haber pedido ayuda a la policía, fue ella quien llamó a la autoridad desde una heladería luego de huir del hotel en el que fue agredida, y el procurador Rodolfo Ríos Garza salió con gran premura a anunciar a los medios que Yakiri no había sido violada.

Con información de Sin EtiquetasSin Embargo, la Organización Civil Yo Soy Madre Soltera y La Jornada

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