Quien ahora comienza a trastabillar por un túnel largo y

accidentado es el gobierno federal. Se trata de una de las

peores crisis de seguridad nacional que habremos de padecer

los mexicanos este sexenio, con consecuencias contundentes

y reales aún más impactantes que la trágica desaparición de

los estudiantes de Ayotzinapa.

Se equivocan quienes creen que las peores consecuencias de

la fuga del narcotraficante internacional Joaquín “El Chapo”

Guzmán se inscribirán en el plano de lo político o de las

embestidas mediáticas contra el Ejecutivo Federal.

Lo que muy probablemente padeceremos todos los

mexicanos, gobernantes y gobernados, es un reacomodo en

diversas estructuras de narcotraficantes que generará

enfrentamientos cruentos entre cárteles y grupos regionales,

por la recuperación de plazas y rutas de distribución que

cambiaron de manos mientras “El Chapo” estaba en prisión.

Habrá de correr mucha más sangre que tinta.

Por ello, no es hora de contar puntos en las encuestas o

contabilizar de antemano supuestos dividendos en el río

revuelto de la política electoral. Es una frivolidad pensar en

las urnas cuando está en juego la estabilidad de amplias

zonas de la frontera y de diversos estados del interior.

Ciertamente, es ineludible e indispensable hacer ajustes al

sistema de seguridad en general y al penitenciario en general.

Se requiere una estrategia nueva y novedosa, con perfiles

mucho más definidos que la actual.

Lo hemos afirmado en voz alta, ya desde el sexenio anterior,

pero no debemos dejar de repetirlo: hay que insistir en la

corrupción como fuente de “ineficacia” deliberadamente

permitida.

Sí debe haber renuncias, despidos e incluso consignaciones de

quienes operativamente tienen responsabilidad directa en

resguardar el penal. Sin embargo, ir más allá y pedir la

renuncia del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio

Chong, o del presidente Enrique Peña Nieto, no pasa de ser

un desahogo o una muestra del peor oportunismo político.

Escuchar esas exigencias irracionales puede generar más

inestabilidad en esta “crisis post fuga”. No es hora de ofrecer

cabezas como sacrificio a los gurús de la opinión pública, sino

de privilegiar las labores de seguridad pura y dura. Es hora de

crear trabajar por recuperar la calma social, no de hacer

política. Es, en fin, momento para tomar decisiones que

coloquen al país de la ruta de recuperación de la paz que ha

vuelto a debilitarse.

www.twitter.com/ManuelEspino

manuespino@hotmail.com

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