El Dragón de Mondragón Antes de que algo pase les quiero decir: ¡GRACIAS HIJOS!

Usted Amigo lector se preguntará; ¿El por qué e titulado esta columna de este modo? es muy simple la respuesta amigo mío… Cuando un hijo o hija nace, da la mayor alegría que cualquier persona pudiera tener…  Nuestra primera palabra que exclamamos por lo regular es: ¡NUESTRO DESEO SE HIZO REALIDAD, DE INMEDIATO NOS SENTIMOS BENDECIDOS CON UN GRAN REGALO QUE LA VIDA NOS DIO!… Pero sobre todo, adquirimos una gran responsabilidad de educarlo, cuidarlo y formarlo… Con la única intención  que cuando él o ella crezca, sea una persona con principios y valores que sobre la marcha les inculcamos y que normalmente nos heredaron nuestros padres… Ya que todos queremos que nuestro pequeño o pequeña sea más adelante, un hombre o una mujer de bien en toda la extensión de la palabra… Nuestra labor empieza protegiéndolos, formándolos y educándolos para que este hijo o hija busque su propia identidad y tenga un mejor futuro que le permita lograr sus metas y obtener su felicidad… Es aquí, en donde uno como padre vacía todos sus sueños, tratando de inquinarlo o en su caso inclinarla a lo que uno cree que es lo mejor para él o ella, sin darnos cuenta que estamos limitamos su crecimiento o provocando frustraciones y fracasos… Creamos en pocas palabras “una lucha de poderes de lo que nosotros queremos para él o ella” sin darnos cuenta que es lo que quieren para sí mismos… En este trayecto se empiezan a dar estirones y jalones, en su  educación y su formación, perdiendo a veces pequeñas batallas con discusiones y ganando otras… Esto provoca que en su crecimiento y desarrollo perdamos algo de comunicación y si no somos prudentes o inteligentes, pero sobre todo habilidosos en la comunicación, el respeto y acercamiento con nuestro tesoro que es nuestro hijo o hija los podemos alejar definitivamente y que busquen refugio con gente que nada les aporte y los ponga en riesgo de situaciones que jamás imaginamos… ¡Así que cuidado! Si llegamos a pensar que lo mejor para este él o ella es solamente lo que nosotros pensamos que es bueno y peor aun si vaciamos nuestras frustraciones y necesidades creyendo tener la verdad absoluta de lo bueno y malo de la vida… ¿Cuántas veces amigo lector nos equivocamos como padres y no lo reconocemos, cuantas veces queremos que él o ella haga exactamente lo que nosotros queremos, cuantas veces queremos que estudie lo que uno quiso estudiar de joven, cuantas veces buscamos que sea mejor que nosotros?… Sin darnos cuenta que lastimamos su persona, limitamos su crecimiento, cuartamos su libertad para elegir su camino y muchas veces echamos a perder sus propios sueños… Es en este punto amigo mío, es en donde deberíamos hacer un alto; para pensar, analizar y reflexionar si vamos bien o mal en la formación de ese hijo o hija… Apoco usted, no se ha hecho estas preguntas; ¿Estoy haciendo lo correcto por mi hijo o hija, no soy demasiado duro o severo, no le exijo de más de lo que debiera, no me vuelvo soberbió por no escucharlo, no le estoy cerrando las pertas con mi indiferencia a la comunicación pero sobre todo a la confianza?… Estas y muchas preguntas más quedan muchas veces sin respuesta… Pero sabe ¿Porque amigo lector?… Porque nadie nos enseña, nadie nos marca como en la escuela, el paso a seguir del cómo educar a nuestros hijos ¡YA QUE NO EXISTEN ESCUELAS PARA PADRES! que dirijan objetivamente el actuar que uno debiera de tener cuando surge algún problema, lo que uno tiene que decir en tal circunstancia, lo que uno puede permitir o no, para no poner en riesgo su integridad física,  mental, o lastimar sus sentimientos e incluso cuartar su propia libertad para opinar… A veces nos da miedo tomar una decisión, nos da miedo lastimarlo, nos da miedo que le pase algo y muchas veces terminamos, sobreprotegiéndolo… Es ahí cuando uno piensa que tanto daño le hacemos a un hijo si le permitimos que experimente, que se equivoque, que corra sus propios riesgos o simplemente si lo reprimimos y no le permitimos crecer pensando que lo que uno piensa es lo mejor para él o ella… Yo le preguntaría amigo lector ¿Qué es lo mejor para un hijo o hija? Un padre autoritario, un padre consentidor o un padre que juegue el papel de su amigo… En el primer caso; tendría el control de lo que él quisiera hacer e incluso de lo que es mejor según su concepto para su bienestar, en el segundo caso tendría un hijo totalmente dependiente y en el tercer caso tendría un hijo que estoy seguro que se acercaría a usted sin tapujos, sin ni miedo ya que existe comunicación y respeto que hoy en día hace tanto falta… ¡Verdad qué difícil es ser padre!…  Solo recuerde que un hijo o hija es el mayor tesoro que uno tiene, por favor no lo limite, deje que el crezca, que aprenda y que también se tropiece pero por favor nunca pierda la comunicación, ya que tarde o temprano le dará grandes satisfacciones y estará muy orgulloso por su  tenacidad, valor, entrega, responsabilidad pero sobre todo por ser un  gran ser humano y todo esto gracias a los valores que Usted como padre le inculco cuando era pequeño o pequeña… Y cuando sea el momento solo dígale hijo o hija: “ES LA HORA EN QUE TOMES EL SARTÉN POR EL MANGO, LAS RIENDAS DE TU PROPIA VIDA Y  RECUERDA QUE ALGÚN DÍA ESTARÁS EN MI PAPEL COMO PADRE, TU MAYOR COMPROMISO SERÁ; EL DE FORMAR A TUS PROPIOS HIJOS, GUIARLOS, CUIDARLOS Y EDUCARLOS, CREANDO UNA GRAN FAMILIA COMO LA QUE TUVISTE EN CASA”… ¡Que Dios te Bendiga y me siento muy orgulloso de que me permitieras ser tu padre!…

 

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