El discurso populista

En estos días Francia se prepara para su segunda vuelta en la votación presidencial. El resultado de la primera elección fue de dos propuestas antagónicas: Emmanuel Macron y Marine Le Pen, por lo tanto, también abre la incógnita sobre la integración del parlamento. Quien resulte ganador, no garantiza que sus partidos tengan la suficiente atracción para llevar a sus diputados y conseguir el número necesario para gobernar.

Serán dos semanas de campaña con dos visiones opuestas que nos llevan a recordar lo ocurrido el año pasado en el Reino Unido entre los partidarios de continuar en la Unión Europea y los que deseaban abandonarla, y en EU entre la candidata demócrata Hillary Clinton y el republicano Donald Trump.

Es la fisura por la que atraviesan las sociedades occidentales, nacionalismo contra globalización, repliegue contra apertura y un discurso populista. Los candidatos antisistema no necesariamente ganan en el mundo de hoy. Con el triunfo del Brexit en Gran Bretaña y el de Trump en Estados Unidos, hubo quienes pensaron que los candidatos cuyos discursos fueron claramente antisistema serían los ganadores. En el caso de Francia, ese discurso lo tomó Le Pen. Los electores quieren otras opciones diferentes a las tradicionales, pero no necesariamente “compran” propuestas populistas.

Los resultados preliminares de las elecciones fueron casi exactamente como se anticiparon en los sondeos de opinión No necesariamente las encuestas fallan, como parecía concluirse tras el Brexit y la elección de Trump. Las encuestas acertaron como pocas veces.

El discurso populista va más allá, es un peligro real de ruptura de las estructuras y las instituciones, hay la tentación de destruir para que, a través de una solución mágica, se encuentre una alternativa mucho mejor.

El populismo sólo aspira a sustituir a los grupos en el poder, propugnaban la demagogia y la ruptura social como principios rectores de una estrategia de rebelión política, casi siempre disfrazada de un discurso revolucionario, que sólo tenía por finalidad instaurar el orden político que les permitiese controlar y perpetuarse en el poder.

En este marco general los movimientos populistas surgen y arraigan entre los ciudadanos que mantienen una actitud de rebeldía o rechazo a las normas e instituciones que definen y sustentan los diversos tipos de regímenes democráticos. Constituyen una respuesta individual y, al mismo tiempo, colectiva basada en elementos emocionales característicos de la personalidad o la identidad social, que se proyectan y justifican racionalmente a través del discurso y la acción política dirigidos contra el Estado y contra determinados grupos ciudadanos seleccionados a partir de sus rasgos diferenciales de ideología, status económico, religión, lengua, raza, sexo, etc.

Por este motivo los partidos en nuestro país tienen que sensibilizarse con las necesidades de la población e identificar la voluntad social con sus decisiones. Existe una brecha que va creciendo entre los discursos y medidas de acción contenidas en sus programas políticos y las posibilidades de realizarlas cuando llegan al gobierno. Ello se debe al simple hecho de que la finalidad de los discursos y programas electorales populistas no es fijar los compromisos de acción política con y para los ciudadanos, ni tan siquiera para sus votantes, sino facilitarles el apoyo popular que requieren sus dirigentes para llegar al poder.

Otro elemento del populismo entre los dirigentes de los partidos es promover su imagen y construir imágenes utópicas de su persona. “Todos los líderes populistas son grandes transgresores de las formas habituales de hacer política. Son transgresores culturales, en el lenguaje. De alguna manera se presentan como outsiders al sistema político”, señala Francisco Panizza, profesor de Política Latinoamericana y Comparada de la London School of Economics. Democracia como sistema de gobierno.

Sartori, al referirse al “negativismo simplista”, dice: “El poder es una relación, y tener poder implica que alguien controla (de alguna manera y en cierta medida) a alguien. Además, el poder real es el que se ejerce. ¿Cómo puede todo un pueblo –decenas o cientos de millones de personas- ejercer poder sobre sí mismo? No hay una respuesta clara a esta pregunta

Diversos autores opinan que si los partidos políticos, y yo agregaría, los generadores de opinión pública, los académicos, medios de comunicación y sectores productivos, no son capaces de reaccionar ante las nuevas realidades políticas nacionales e internacionales, el peso del discurso populista puede provocar la parálisis de algunos países y la instauración de regímenes autocráticos y anarquía en ciertos sectores de la población. Un escenario que muy pocos desean, pero que puede terminar siendo real en los próximos años si no ponemos remedio al avance populista.

 

 

 

con información  eluniversalqueretaro

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