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El caso de pedófilo que mutiló y devoró más de 100 niños. Envió macabra confesión a madre de víctima

Le apodaron el “Vampiro de Brooklyn”. Así operaba la desquiciada mente del hombre que disfrutaba “comer la tierna carne de sus traseros”…

Hay veces en que la realidad perfectamente nos puede proveer con historias que parecen perfectos guiones para una sádica historia de terror y así es el mito que rodea a Albert Fish, un brutal sádico que pasaría a ser recordado como uno de los asesinos seriales más depravados en la historia moderna norteamericana, quien contó con aterradores seudónimos adaptados de la prensa en los años 20: “Vampiro de Brooklyn”, “Hombre Gris” y “Hombre Lobo de Wisteria”.

Fish fue un criminal de los más aborrecible, pues su larga lista de crímenes incluye, principalmente, los que condenamos más como sociedad: canibalismo y pedofilia.
Sus víctimas fueron más de 100 niños en un festín de macabras brutalidades que se extendieron por más de dos décadas, interpretándose sus ataques como hechos aislados.

13 de diciembre, 1934
William King, un detective veterano del Departamento de Personas Desaparecidas de la Policía de Nueva York, esperaba paciente en una pensión barata de la calle East 52nd. Cuando un anciano apareció a recoger el correo, King sabía que tras 6 años de intensa investigación por fin lograba el arresto que lo haría pasar a la historia.

28 de mayo, 1928
Un anciano golpeó la puerta de Delia Budd, una ama de casa. Frank Howard, su nombre sería -al menos, en esa ocasión. Su intención era hablar con Edward, el hijo de 18 años de Delia, que había ofrecido sus servicios como trabajador en el periódico New York World. Frank deseaba responder tal aviso con una oferta de empleo en su granja de Long Island.

Para ese entonces, ya se leía en los medios sobre la misteriosa desaparición de Billy Gaffney, de cuatro años, en 1927 y sobre el extravío de Francis McDonnell, un pequeño de ocho años, en 1924. Ambos casos permanecían sin resolver.

La pequeña Grace
Frank realizó una pequeña entrevista a Edward y le comunicó que el puesto era suyo, quedando de recogerle el fin de semana. Regresó el 3 de junio, esta vez cargando frutillas y queso como regalos, los que supuestamente vendrían de su granja.

La familia decidió invitarle a almorzar y el pasó un rato agradable bromeando con los hijos, tanto con Edward como con su pequeña hermana de 10 años, Grace. Entonces les comunicó que debía retirarse a la fiesta de cumpleaños de su sobrina y que volvería a las nueve para llevarse a Edward a trabajar.

Así fue como surgió la “gran” idea: le encantaría llevar a Grace como acompañante al cumpleaños infantil.

La Sra. Budd no estuvo de acuerdo en principio, pero su marido, Albert, le dijo que podría ser un buen entretenimiento para la niña y ambos aceptaron la propuesta. De la mano de Frank, Grace se despidió de sus padres en su blanco vestido.

No regresó.

Albert Budd acudió la mañana siguiente a la policía, preocupado por el paradero de su hija. Fue entonces cuando conoció a William King, el detective que decidió no dar un paso atrás en la búsqueda de la pequeña.
¿La dirección de la fiesta de cumpleaños? Nunca existió. ¿Frank Howard, el granjero de Long Island? Tampoco había alguien llamado así. La gran pantalla de Albert Fish había resultado a la perfección, y así comenzaba una de las búsqueda más intensas de la historia, una que duraría seis años.

14 de noviembre, 1934
Una misteriosa carta aparece en el correo de la familia Budd.

*El contenido de esta carta podría no ser apto para personas sensibles*

“Mi querida Sr.a Budd

El domingo, 3 de junio de 1928 llamé a su puerta en la calle 406 W. 15. Le llevé queso y frutillas. Almorzamos juntos. Grace se sentó en mi regazo y me besó. Decidí comerla.

Bajo la excusa de llevarla a una fiesta, usted me dijo que sí podía ir. La llevé a una casa vacía en Westchester que ya había escogido. Llegamos ahí y le pedí que esperara afuera. Recogió flores silvestres. Subí las escaleras y me quité la ropa. Sabía que si no lo hacía, las llenaría con su sangre.

Cuando todo estaba listo me asomé a la ventana y la llamé. Me escondí en el armario hasta que ella llegó al cuarto. Cuando me vio desnudo comenzó a llorar e intentó correr por las escaleras. La tomé y ella dijo que le diría a su madre.

Primero la desnudé. Cómo pateaba – mordidas y rasguños. La ahorqué hasta la muerte, luego la corté en pequeñas piezas para poder llevarme su carne a mis habitaciones. Cocinar y comerla. Qué delicioso y tierno me supo su trasero horneado. Me tomó nueve días comer su cuerpo entero. No tuve sexo con ella, aunque podría haberlo hecho si así lo hubiese querido. Murió siendo virgen“.

La carta llegó a manos del detective King, quien encontró una pista que iluminó un caso que permanecía indescifrable y en las sombras. Un logo con las iniciales N.Y.P.C.B.A., que respondían a la New York Private Chauffeur’s Benevolent Association (Asociación Benevolente Privada de Chóferes de Nueva York).
King acudió entonces a Lee Sicowski, un portero del lugar que reconoció haber tomado papeletas de la asociación para su uso personal, las cuales abandonó en una pensión barata de la calle East 52nd.

La administradora de la pensión contó al detective King que tras Sicowski, un hombre llamado Albert Fish se hospedó en el lugar y que usualmente volvía a recoger correo. Su descripción era muy similar a la de Frank Howard.
El 13 de diciembre, King esperaba paciente en la pensión. Cuando un anciano apareció a recoger el correo, King sabía que tras 6 años de intensa investigación por fin lograba el arresto que lo haría pasar a la historia.

Fish confesó tras ser arrestado. Su objetivo era Edward, pero la pequeña Grace se volvió su objeto de deseo. Tras llevársela, cargó un cuchillo carnicero y una sierra que había dejado con un vendedor de periódicos. Compró un pasaje de ida y vuelta a Worthington Woods para él, y uno de ida para Grace. Casi olvida su bolso con materiales, pero la bondadosa niña lo cargó por él. Así la llevó hasta un edificio abandonado conocido como Cabaña Wisteria -y de ahí su sobrenombre.

Luego perpetró el ataque que narró en su carta y tiró los restos de Grace en un muro detrás de su propiedad, los cuales fueron encontrados más tarde por los detectives.

Su racha de asesinatos comenzó en 1910 y confesó más de 100 asesinatos a niños, incluyendo Billy Gaffney y Francis McDonnell. La mayoría de sus víctimas fueron niños afroamericanos cuyas desapariciones la policía nunca decidió investigar.
Albert Fish fue entrevistado por un extenso período por el psiquiatra Frederic Wertheim, intentando comprender el origen de su maldad, que lo llevó incluso a torturarse a sí mismo insertando agujas en su escroto, así como algodones con petróleo en su ano para prenderle fuego y consumir excremento humano. También se golpeaba con un bate con clavos.

El 16 de enero de 1936, Fish encontró la muerte en la silla eléctrica de la prisión Sing Sing, condenado por el pueblo de Nueva York tras ser encontrado culpable de sus brutales crímenes.

Fuente Upsocl

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