Reglas no escritas, valores entendidos

Meade y su equipo tienen ante sí un reto complejo: construir una imagen propia que logre deslindarse del Presidente, pero sin enfrentarse o romper
En 1978, Jorge Carpizo publicó su libro El presidencialismo mexicano. Estaba dedicado a describir el enorme poder que concentraba entonces la Presidencia mexicana.

Este poder se debía, explicó Carpizo, no a las facultades legales del Presidente derivadas de la Constitución, sino a sus poderes “metaconstitucionales”: aquellos que no estaban escritos en ninguna parte, pero eran la realidad política cotidiana del sistema

Ahora, Pedro Salazar, publicó el año pasado el libro El Poder Ejecutivo en la Constitución mexicana, que es el anverso del retrato de Carpizo.

El libro de Salazar actualiza el retrato del presidencialismo mexicano. Los cambios políticos e institucionales de los últimos 50 años, retratan a un presidencialismo radicalmente distinto al que solemos tener en la cabeza: un presidencialismo despojado de prácticamente todos sus antiguos poderes metaconstitucionales. A través de diversas reformas constitucionales se terminaron prácticamente todas estas facultades que refirió Jorge Carpizo que hacían del Presidente mexicano un personaje superpoderoso.

Estas superfacultades, en algún momento, se han querido traslapar hasta las decisiones electorales del partido del presidente en turno.

Nos recuerda lo que sucedió con Luis Donaldo Colosio, cuya campaña inició en un contexto nada fácil y un acomodo de equipos muy difícil, la intervención del presidente de la República comprometió la campaña. Se dice que Colosio no rompió con Salinas, que en la víspera de su discurso del 6 de marzo de 1994, le envió el texto de su discurso. En todo caso, el distanciamiento era necesario para vigorizar la campaña.

Este distanciamiento tiene que ser preciso. La experiencia indica que competir como candidato del partido en el gobierno y romper con el gobierno, es un error. Recordemos a Josefina Vázquez Mota en 2012. Las tentaciones al rompimiento siempre son grandes.

En la actualidad y tiempos electorales complicados, hay una percepción social no positiva del primer mandatario, por tal razón es importante que actúe de manera ortodoxa, hay reglas no escritas sobre la postura del presidente. Estas reglas, señalan que el gobernante saliente debe guardar un lugar discreto y alejado; y que el precandidato y, candidato en su momento, haga su trabajo.

Algunos analistas opinan que el mensaje que se envía es que la campaña se opera fundamentalmente por el equipo del presidente y no de la oficina de Meade. El primer mandatario tiene que tomar decisiones que influyan de manera positiva en la operación política. Los movimientos que haga en el gabinete deben abonar a la campaña, no a la contra campaña.

Por esta razón, Meade debe desligarse, pero sin perder identidad; ciertos columnistas coinciden en que su estrategia debe cambiar, la fotografía del momento es que no ha despegado su campaña.

José Antonio Meade y su equipo tienen ante sí un reto complejo: construir una imagen propia que logre deslindarse del Presidente, pero sin enfrentarse o romper. Será necesario que logre separarse del mandatario, pero que, al mismo tiempo, defienda la continuidad del proyecto. Reducir en forma significativa la percepción que se tiene del gobierno federal como resultado de una ineficaz comunicación política. Tiene que aumentar su liderazgo para imponer agenda y redefinir su mensaje, tomar la iniciativa si es necesario, tomar decisiones aunque estas sean controvertidas, afianzar su imagen de ciudadano no ligado a la corrupción.

“Tener faltas y no corregirlas es el verdadero error”

Fuente_ ElUniversalQueretaro

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