Unos ciento tres mil niños de escuelas públicas que tienen promedios de 9 o mayor podrían dejar de tomar clases de música, danza, natación y otras disciplinas, así como recibir un apoyo de 3 mil 400 pesos al año mediante el programa Niñas y Niños Talento.

Este año les redujeron el salario en 3 por ciento a los 303 profesores, quienes pelearon para que, con retraso, les pagaran la primera semana de enero. Muchos de ellos llevan 11 años en el programa mediante el cual imparten clases a los niños en los Centros de Desarrollo Comunitario (CDC) del DIF, que son 54.

El 18 de febrero los profesores se reunieron con Estela Damián, directora del DIF-CDMX, para expresarle su inconformidad con la reducción del salario y, al salir de la reunión, David Becerra, hasta entonces jefe de la Unidad Departamental de Planeación y Seguimiento de Niñas y Niños Talento, conversó con algunos maestros y les dijo “a mí mis superiores me pidieron una lista de 30 maestros para darlos de baja” narraron a este diario algunos de los presentes.

Excélsior buscó a Damián desde hace una semana para que fijara postura del tema, pero al cierre de esta edición la funcionaria no había respondido.

Este diario habló con una decena de profesores del programa Niños y Niñas Talento –que desde el mes de diciembre recibió el nombre de Niñas, Niños y Adolescentes por la Paz– de diversos planteles: el Josefa Ortiz de Domínguez y el Nueva Iztapalapa, en esa demarcación; el de Muyuguarda, en Xochimilco, y el Ajusco, en Tlalpan.

 

En la primera semana de enero, los 54 promotores que tenía el programa fueron notificados de que ya no laborarían en los CDC.

Los promotores se encargaban de inscribir a los niños, entregarles las tarjetas para cobrar 200 pesos mensuales, más dos depósitos semestrales de 500 pesos cada uno, y en ocasiones cuidaban a los niños cuando los padres no llegaban a tiempo por ellos.

Los maestros tuvieron que asumir ese rol durante tres, cuatro o seis semanas, y existen algunos casos, como el CDC Ajusco, donde a la fecha no tienen promotor.

Me he tenido que acostumbrar a que padres de familia irrumpan en el salón para preguntar ‘¿por qué no me han entregado la tarjeta del programa?, o ¿por qué no hay promotora? y les tengo que pedir que esperen a que termine la clase para poder atenderlos”, dijo un maestro.

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