Los hipopótamos de Colombia son un problema bien documentado. Creciendo asombrosamente rápido en número, potencialmente devastadores para el ecosistema local y quizás letales para los seres humanos. Muchas soluciones se han propuesto.

Las cuatro curiosidades traídas por Pablo Escobar en la década de 1970 a su rancho cerca de Medellín se han convertido en una extensa familia de al menos 120 individuos. Si no se controlan, podrían llegar a 200 al final de la década y extenderse a una superficie habitable de más de 13 mil 500 kilómetros cuadrados. Algunos ya han sido vistos a más de 240 kilómetros de la Hacienda Nápoles, donde vivió Escobar.

Las diferencias en su madurez sexual y el crecimiento de sus hermanos africanos, así como los factores ambientales en Colombia, han sido la causa de que ahora se les reconozca como su propia subespecie.

Y los problemas se están acelerando. Los hipopótamos matan más personas que cualquier otro mamífero en África, pero los ataques contra los seres humanos nunca se habían materializado realmente en Colombia. Al menos hasta mayo de 2019, cuando un agricultor local fue perseguido, mutilado y gravemente herido cerca de la antigua finca de Escobar.

De acuerdo a expertos citados por el medio BBC, los animales deberían ser sacrificados ya que a futuro la situación podría estar “fuera de control”.

Sin un depredador natural que pueda controlar el crecimiento de estos animales, como es el caso de leones o cocodrilos en África, los hipopótamos están destinados a multiplicarse sin parar. Su rápida reproducción podría llegar a cerca de mil 400 ejemplares para 2034, según estimaciones. Para evitarlo, el equipo recomienda que alrededor de 30 hipopótamos deben ser sacrificados cada año.

El único problema con esta opción es que los residentes locales parecen ferozmente opuestos a ella. En 2009, el gobierno permitió el asesinato de un hipopótamo llamado “Pepe”, que había escapado del rancho. Dos cazadores profesionales lo cazaron y los soldados posaron con su cadáver.

Las protestas no se hicieron esperar por parte de los activistas que protestaban en el edificio del Ministerio de Medio Ambiente en Bogotá. No ha habido más intentos de sacrificarlos desde entonces.

¿VENDERLOS O DEVOLVERLOS?

Una reciente investigación del medio Vorágine encontró que los traficantes presuntamente habían estado capturando bebés hipopótamos para venderlos ilegalmente a coleccionistas. Supuestamente, uno de los principales atractivos es poseer animales conectados a Pablo Escobar y su opulencia. Según se informa, los vendedores están vendiendo los bebés capturados por hasta cinco millones de pesos colombianos (mil 300 dólares).

Por su parte, las autoridades insisten en que no es posible que los habitantes de la región estén capturando los pequeños animales para venderlos, debido a que no podría pasar “en sus narices”, señala el reportaje.

Se ha propuesto otra teoría: enviarlos de vuelta a África o encontrar un nuevo hogar para ellos.

“Ya no son africanos”, menciona Nataly Castelblanco, doctora en Ecología y Desarrollo Sustentable, en una entrevista con El Tiempo. La investigadora explica que los hipopótamos han adquirido bacterias propias de la región, hecho que hace imposible devolverlos a África por el riesgo de acarrear virus o enfermedades que pongan en peligro a sus hermanos.

COMERSE A LOS HIPOPOTAMOS

Según un habitante de la región, entrevistado por Vorágine, miembros de la comunidad procedieron a cocinar uno de los animales, luego de que este muriera tras caer en una cerca eléctrica.

El animal fue cortado en pedazos y cada quien tomó un trozo que preparó a su gusto. El mismo hecho fue relatado a Vice por el biólogo Patricio von Hildebrand, y la publicación apunta a que la carne de los hipopótamos resulta ser un jugoso platillo que no desencajaría en la dieta local.

En África, de donde es originario, el consumo de este animal está prohibido en países como el Congo, lo que no implica que su carne sea traficada. Sin embargo, no existe un control de calidad sobre la calidad de la carne.

CASTRAR HIPOPOTAMOS

Otra opción sería esterilizar artificialmente a los hipopótamos. Pero para lograrlo, toda la población masculina tendría que ser encontrada, capturada y operada. Los peligros de acercarse a un hipopótamo ya están bien documentados, pero encontrar docenas de individuos en la naturaleza, esterilizarlos y hacer un seguimiento de cualquier nuevo nacimiento mientras tanto sería una tarea abrumadora.

Debido a la naturaleza altamente territorial de los hipopótamos, los machos en Colombia se han extendido más lejos para encontrar territorio no disputado. Se dice que fue debido a un hombre apodado “El Viejo”, que controlaba la Hacienda Nápoles, que Pepe abandonó el rancho, lo que llevó a su muerte.

Un intento anterior de castrarlos también reveló otro problema: el costo. En un informe de 2009 se afirmaba que, como experimento, se había capturado, anestesiado y castrado a un hipopótamo macho. Toda la aventura costó 50 mil dólares, según el Yale Politic.

Los investigadores también encontraron otro riesgo significativo. Debido a su tamaño y grasa corporal, es difícil anestesiar a los hipopótamos por mucho tiempo.

Y la idea de que un hipopótamo gruñón se despierte en medio de la extracción de las joyas de su familia puede hacer que esta sea la peor idea de todas.

Por Redaccion

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