¿En qué momento cambiaste tanto?, ¿en qué momento te volviste un asesino?“, se lee en una carta que Erika Janeth hizo hacia su hijo, Braulio, quien fue sentenciado en septiembre del año en curso por el feminicidio de sus hermanas menores, Yiyari y Diana, de 12 y 7 años de edad. El documento fue difundido por la activista Frida Guerrera en redes sociales.

En noviembre de 2020, durante la pandemia por COVID-19, Yiyari y Diana se quedaron en casa con su hermano Braulio. A finales del mes, Erika fue a trabajar en el restaurante donde estaba empleada. Como medida de seguridad, marcaba constantemente a sus hijas, pero en esa ocasión no le contestaron, a pesar de que intentó comunicarse en varios momentos.

Alrededor de las 00:50 horas, cuando la mujer llegó a su casa al terminar su jornada laboral, vio a su hijo Braulio en el momento que estrangulaba a una de sus hijas, narró Erika a la activista Frida Guerrero.

“Al abrir la puerta no lo vi, siempre me esperaba despierto. Al entrar al cuarto donde dormía con mis hijas, lo vi cómo estaba ahorcando a mi hija, grité y entonces él se me vino encima e intentó asesinarme: me picó dos veces en las costillas, cinco en la cabeza, y al final luego de forcejear con él más de hora y media, me golpeó con la cacha de una pistola. Perdí el conocimiento más de nueve horas”, denunció Erika. “Yo lo vi cómo asesinaba a mi niña”.

Cuando Erika despertó, Braulio ya se había dado a la fuga. Fue detenido el 3 de diciembre del mismo año, y el 28 de septiembre de 2021 recibió una sentencia de cinco años por los delitos de feminicidio e intento de feminicidio al ser un menor de edad.

De acuerdo con la información de Guerrero, las niñas fueron torturadas y abusadas sexualmente por Braulio.

“Si narro esto es porque no quiero que ninguna madre pase por el infierno, que ninguna niña vuelva a sufrir como mis niñas”, concluyó Erika.

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Braulio nació en noviembre de 2003 a padres Erika y Rubén; de niño era hiperactivo, desafiante, consentido y a la vez maltratado por su padre, según narró Erika a la activista.

Cinco años después nació Yiyari, una niña que sería hermana a dos niños mayores; y en 2013 tuvo a otra niña llamada Diana, contó Erika. Cuando su última hija cumplió un año, la mujer decidió separarse del padre de sus tres hijos, quien la había violentado en previas ocasiones.

“Lo hice por mis hijos, por mis niñas, porque él siempre las hacía menos, todo era para Braulio, sin embargo, me lleve a todos mis hijos cuando me separé”, recuperó Guerrero del testimonio en su blog. Erika se fue a vivir a Tecamac, en el Estado de México.

Cuando Braulio tenía 12 años, decidió ir a vivir con su padre, aunque constantemente regresaba a casa de Erika denunciando maltrato por parte de su padre. “Me decía que su papá lo maltrataba, que lo llevaba a trabajar -porque él decidió ya no ir al escuela-, que tenía sus manos maltratadas, cuando venía siempre se me perdía dinero, mis hijas muchas veces lloraban porque decían que Braulio solo iba a robarnos el dinero de la despensa, pero era mi hijo, ni modo de cerrarle la puerta”, dijo Erika a Guerrero.

Por Redaccion

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