Reino Unido, Estados Unidos y Canadá acusaron a espías rusos de intentar robar propiedad intelectual de laboratorios y universidades que trabajan en el desarrollo de una vacuna contra el COVID-19.

La acusación señala directamente al grupo conocido como APT29, al que tacharon como el responsable de ser “parte del espionaje ruso con una certeza del 95 por ciento” que ha realizado ciberataques, desde febrero, contra las instalaciones donde se llevan a cabo investigaciones sobre una posible vacuna contra el COVID-19.

De acuerdo con Dominic Raab, ministro británico de Exteriores, el Reino Unido continuará respondiendo a los ataques y buscará que los culpables respondan ante la justicia.

Entre los objetivos afectados están la Universidad de Oxford y el Imperial College de Londres.

Aunque no se dio a conocer el número de ataques ni si estos tuvieron éxito pero se especificó que el motivo de ellos fue obtener información sobre el avance de las investigaciones y no al boicot de las mismas.

Las acusaciones coinciden con las declaraciones de Rusia aseguran que podría sacar al mercado la primera vacuna en el mundo contra el COVID-19 antes de octubre.

“Ayer concluimos con éxito la primera fase de los ensayos clínicos de la vacuna desarrollada por el Instituto Gamalei y la segunda fase esperamos terminarla el 3 de agosto, luego enseguida pondremos en marcha la tercera etapa, y no solo en Rusia, sino en una serie de otros países”, dijo el director general del Fondo Ruso de Inversiones Directas (FRID), Kiril Dmítriev.

Agregó que los científicos esperan que la aprobación de los órganos reguladores para el empleo masivo de la vacuna llegue ya “en agosto o en septiembre” de manera que pueda salir al mercado antes de octubre.

Según el funcionario, la vacuna rusa será “única” porque es la primera en el mundo que fue probada en animales que fueron infectados con una dosis mortal del virus tras recibir la vacuna y no se enfermaron.

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