Por morderse las uñas, joven desarrolla extraño cáncer.

0
60

El cuerpo encuentra extrañas maneras de lidiar con el estrés y la ansiedad. Una de ellas es morder las uñas.

Aunque anteriormente se calificaba como un mal hábito, ahora también es una alerta a la salud, pues podría ser la antesala a un cáncer de piel.

Así lo vivió Courtney Whithorn, una joven de 20 años que se mordía las uñas constantemente, debido al bullying que sufría, desarrolló un extraño tipo de cáncer.

A los 16 años, fue víctima de acoso escolar, con el estrés y la ansiedad que provocó su intensa mordedura de uñas.

“He mordido mis uñas toda mi vida, pero en 2014 estaba en el año 11 en la escuela secundaria y fui víctima de acoso crónico. Comenzaron los rumores sobre mí y si me sentaba con la gente a almorzar, me ignoraban por completo como si yo no existiera. Morderse las uñas se convirtió en un mecanismo de defensa para mí.

“Ni siquiera sabía que me estaba mordiendo las uñas a veces, simplemente sucedió. De alguna manera perdí el sentimiento porque lo hacía con tanta frecuencia. No me di cuenta de que me había mordido toda la uña del pulgar hasta que vi cuánta sangre había en mi mano.

“Realmente nunca volvió a crecer igual. Solo creció en un lado de mi pulgar y seguí mordiéndolo y finalmente la parte inferior de mi uña se volvió negra. Pensé que estaba muerto como cuando la gente se golpea las uñas”, expresó.

Un día, la uña de su pulgar se desprendió y nunca más volvió a crecer. Poco a poco, fue cobrando un color negruzco hasta que, a mediados del año pasado, decidió acudir al doctor.

El diagnóstico fue melanoma subungueal lentiginoso acral, un tipo de cáncer que suele desarrollarse por determinadas lesiones en la piel, sobre todo, en dedos de las manos o pies.

Para poder curarse de su enfermedad, Courtney tuvo que pasar por cuatro cirugías para poder extirpar toda la piel afectada por el cáncer, pero pese a las intervenciones, su dedo debió ser amputado.

Para analizar qué ocurría, un médico le quitó la uña, realizó una biopsia y para su sorpresa descubrió que tenía un melanoma subungueal lentiginoso acral.

“Hicieron más pruebas y me dijeron que era un melanoma maligno que era muy raro tener ahí, especialmente para alguien de mi edad y de ese tamaño”, dijo Whithorn.

La paciente necesitó dos operaciones para que le extrajeran toda la uña, pero eso no solucionó el problema. Entonces, los cirujanos decidieron seguir el protocolo para este tipo de situaciones: la amputación.

“Tuve un ataque de pánico en el trabajo cuando leí la palabra ‘amputación’ y salí corriendo, no podía respirar”.

Para evitar esa medida extrema, la joven fue sometida a una tercera intervención para remover las células malignas que pudieran quedar, pero ese procedimiento confirmó la necesidad de quitar el dedo, porque el análisis de dos ganglios linfáticos confirmó que el cáncer había comenzado a expandirse.

La víctima tuvo la última cirugía la semana pasada y aún aguarda los resultados para conocer su estado, aunque ya sabe que deberá someterse a controles exhaustivos durante los próximos cinco años.

Deja un comentario