Este domingo, en una ceremonia estrictamente familiar, fue cremado el cuerpo de la activista e integrante de las buscadoras de Sonora, Aranza Ramos, asesinada el viernes en el municipio de Guaymas, Sonora. Se teme que su asesinato se deba a los descubrimientos que ella y otras mujeres han hecho de zonas que las propias activistas denominan como campos de exterminio en el ejido de Ortiz.

En enero pasado, integrantes de varios colectivos de búsqueda de desaparecidos hallaron múltiples rastros de osamentas en el ejido de Ortiz, en Guaymas, Sonora, según las propias activistas.

El sitio está a menos de 5 kilómetros donde, el viernes pasado, fue asesinada Gladys Aranza Ramos Gurrola, quien se unió a estos grupos en diciembre, tras la desaparición de su esposo, Bryan Omar Celaya Alvarado.

“En el Ejido Ortiz se han encontrado crematorios clandestinos, algunos todavía con brasas y humo al momento del hallazgo. Ese Ejido es un lugar de exterminio activo”, dijeron los grupos de búsqueda que coinciden en que el sitio es un crematorio clandestino.

“Era como un campo de exterminio donde se calcinaban los cuerpos, al parecer, a lo que tenemos referidos nosotras, es que ahí los mutilaban, los echaban como si fueran troncos, los rociaban con gasolina y les prendían fuego”, dijo Ceci Patricia Flores, fundadora de Madres Buscadoras de Sonora.

La Fiscalía estatal investiga la posibilidad de que la ejecución de Aranza se diera por su labor en estos grupos.

Los colectivos exigen a las autoridades seguridad para sus integrantes, pues aseguran que tras el crimen de la joven han sido amenazados por presuntos integrantes del crimen organizado.“¿Qué están esperando? ¿A que nos pase algo como a Aranza y entonces sí proceder, hacer una investigación? Cuando ahorita les estamos dando los elementos para que empiecen la investigación y saber de dónde vienen esas amenazas. Si yo muero, ¿quién busca a mis hijos?”, concluyó Ceci Patricia Flores, fundadora de Madres Buscadoras de Sonora.

Por Redaccion

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