TEQUISQUIAPAN.— Un reporte ciudadano encendió las alertas por un posible caso de tráfico de fauna silvestre en Tequisquiapan, luego de que una persona presuntamente matara una víbora de cascabel cola negra y posteriormente la ofreciera a la venta a través de un grupo de WhatsApp.

De acuerdo con la información recibida, el ejemplar correspondería a una víbora de cascabel cola negra (Crotalus molossus). Hasta el momento no se ha informado públicamente si alguna autoridad ambiental ya inició un procedimiento formal contra la persona señalada.
El caso cobra relevancia porque esta especie se encuentra incluida en la NOM-059-SEMARNAT-2010 bajo la categoría de Sujeta a Protección Especial (Pr), de acuerdo con información de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad.
La posible comercialización de ejemplares de fauna silvestre protegida puede tener consecuencias legales. El artículo 420 del Código Penal Federal contempla penas de uno a nueve años de prisión y multas para determinadas conductas ilícitas relacionadas con especies protegidas, entre ellas actividades con fines de tráfico, posesión, transporte, acopio o comercio; además, la pena puede aumentar cuando existen fines comerciales.
Sin embargo, será la autoridad competente la que determine si en este caso particular existió alguna conducta constitutiva de delito y quién tendría responsabilidad.
La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) reconoce como conductas denunciables el comercio ilegal y la destrucción de ejemplares de fauna silvestre incluidos en alguna categoría de riesgo de la NOM-059.
Además, la dependencia federal ha advertido sobre la comercialización ilegal de fauna silvestre mediante redes sociales y plataformas digitales, por lo que ha llamado a la ciudadanía a reportar este tipo de publicaciones.
Ante situaciones similares, la recomendación es clara: no comprar ejemplares de fauna silvestre, no fomentar su comercialización y reportar las publicaciones ante las autoridades ambientales correspondientes.
Más allá del posible delito, cada ejemplar retirado de su entorno representa una afectación al equilibrio natural. La fauna silvestre no es mercancía y su protección también depende de que la ciudadanía denuncie cuando detecte su captura, muerte o comercialización ilegal.

