“El fraude de Querétaro: dos implicados, millones en juego y una exigencia urgente de justicia”


Una promesa de dinero rápido terminó convirtiéndose en una pesadilla financiera para decenas de personas en Querétaro. Hoy, lo que comenzó como una “oportunidad de inversión” se perfila como un presunto fraude millonario que, pese a estar plenamente identificado, sigue sin consecuencias visibles.

A través de nuestra sección DENUNCIA CIUDADANA, este medio documentó testimonios de víctimas que coinciden en un mismo sentimiento: incertidumbre, desesperación y miedo. No saben si volverán a ver su dinero.

El esquema, que operaba bajo la supuesta compra y venta de automóviles, ofrecía rendimientos de hasta un 50% en tan solo 15 días. Una promesa que, vista en retrospectiva, hoy resulta tan irreal como devastadora.

Sin contratos. Sin garantías. Sin respaldo.

Solo confianza… y pérdidas.


Un negocio sostenido por promesas

De acuerdo con los testimonios, las inversiones se realizaban mediante transferencias bancarias, sin ningún tipo de documento legal que protegiera a los participantes. Todo quedaba en acuerdos verbales y conversaciones de WhatsApp.

Los principales señalados, Edson E. C. C, Enrique J.T.G construyeron una imagen de éxito basada en fotografías, videos de vehículos y supuestas operaciones en curso. Mostraba autos, movimientos, dinero. Mostraba seguridad.

Pero no mostraba la verdad.

Los montos invertidos iban desde los 2,000 hasta los 150,000 pesos. Para muchos, eran ahorros de años. Para otros, dinero prestado. Para algunos más, el patrimonio completo.


El inicio del colapso

Como en todo esquema de este tipo, al principio algunos recibieron pagos. Lo suficiente para generar confianza. Lo suficiente para convencer a otros.

Pero después vino el silencio.

Pagos retrasados. Excusas constantes. Justificaciones cada vez menos creíbles: lluvias, temporadas bajas, problemas externos.

Y finalmente, nada.

Desde agosto de 2025, múltiples inversionistas dejaron de recibir tanto rendimientos como respuestas. Los mensajes dejaron de contestarse. Las llamadas, de existir.

La incertidumbre comenzó a crecer… junto con la desesperación.


Amenazas y miedo: el silencio obligado

Cuando algunos afectados decidieron exigir su dinero, la respuesta no fue una solución.

Fue presión.

Fue miedo.

Relatan haber recibido amenazas: que si denunciaban, su dinero quedaría retenido por un año… o simplemente desaparecería. Ese miedo frenó a muchos.

Y ese silencio permitió que el daño creciera.


Más víctimas, más dinero, más dudas

El esquema no solo operaba con inversionistas directos. También se les incentivaba a invitar a más personas: familiares, amigos, conocidos.

Una cadena que hoy podría superar las 250 víctimas.

Una red que creció lo suficiente para acumular, según estimaciones, más de 6 millones de pesos.

Dinero que hoy no aparece.

Dinero que nadie sabe dónde está.


Dos responsables identificados… pero sin consecuencias

A pesar de que los presuntos responsables tiene nombre, rostro y registros en conversaciones, videos y transferencias, la sensación entre las víctimas es clara:

No pasa nada.

Sí, existe una carpeta de investigación.
Sí, hay denuncias.
Sí, hay testimonios.

Pero hasta ahora, no hay resultados contundentes.

No hay detenciones.
No hay devoluciones.
No hay justicia.

Y mientras tanto, las víctimas siguen esperando.


Promesas tardías que ya nadie cree

Días antes de formalizarse la denuncia, el señalado envió un video asegurando que pagaría. Reconoció adeudos. Prometió cumplir.

Pero para quienes llevan meses esperando, esas palabras ya no tienen peso.

Porque antes hubo más promesas.
Porque antes hubo más excusas.
Porque antes hubo más mentiras.


La exigencia es clara

Hoy, las víctimas no solo piden respuestas.

Exigen acción.

Exigen que las autoridades dejen de observar y comiencen a actuar.
Exigen que se investigue a fondo.
Exigen que se llegue hasta las últimas consecuencias.

Porque mientras el caso sigue en proceso, hay familias que no saben si podrán recuperar su dinero.
Hay personas endeudadas.
Hay patrimonios fracturados.

Y hay una pregunta que sigue sin respuesta:

¿Qué más tiene que pasar para que se haga justicia?


Este medio continuará dando seguimiento puntual a este caso. Porque el silencio no puede ser opción cuando lo que está en juego es el patrimonio —y la tranquilidad— de cientos de personas.