🏛️ ¿PARTICIPAS O MIRAS? QUERÉTARO NO NECESITA ESPECTADORES, NECESITA PROTAGONISTAS 🏛️
Por Connie Herrera

Columna: Territorio y Ciudadanía
¿Cuándo fue la última vez que participaste en algo que no fuera para ti?
No para tu casa, no para tu trabajo, no para tu familia. Para tu comunidad.
Nos pasa a todos. Estamos cansados. Entre el trabajo, los hijos, la cuenta que no alcanza y las responsabilidades de todos los días, lo último que queremos es asistir a una reunión más. Y ahí, en medio de ese cansancio, poco a poco se nos va la comunidad.
Yo me he preguntado muchas veces por qué nos cuesta tanto participar. Y creo que no siempre es apatía. Muchas veces es desilusión. Es esa sensación de que, por más que vayamos, por más que hablemos o levantemos la mano, nada cambia.
Pero sí cambia.
Cambia cuando una vecina dice: “Yo presto mi casa”. Cambia cuando alguien se atreve a decir: “Yo me apunto”. Cambia cuando dejamos de esperar a que alguien más resuelva lo que nos corresponde a todos.
La cultura cívica no consiste solamente en conocer las leyes, las instituciones o nuestros derechos. También significa reconocer que pertenecemos a una comunidad.
Pertenecemos a una calle, a una colonia, a una ciudad. Y lo que ocurre en esos espacios también es nuestra responsabilidad.
No solamente del gobierno. Nuestra.
Participar no significa necesariamente afiliarse a un partido político, pertenecer a una organización o encabezar una causa. Participar es interesarse. Es preguntar cómo se toman las decisiones que afectan nuestro entorno. Es estar presente cuando se discuten los problemas de nuestra comunidad.
Es tener la disposición de decir: “Yo quiero saber, yo quiero opinar, yo quiero estar”.
A mí me mueve especialmente ver cuando una mujer que nunca había hablado en público se levanta frente a sus vecinos y dice: “Yo quiero que mi colonia esté segura”.
Ahí hay cultura cívica.
No en el manual ni en el discurso, sino en la voz de alguien que se atreve a participar.
Querétaro tiene una historia de participación ciudadana. Sin embargo, a veces pareciera que hemos olvidado que las grandes transformaciones también comienzan con pequeñas decisiones cotidianas.
No necesitamos siempre grandes plazas, eventos multitudinarios o discursos que prometan cambiarlo todo.
Necesitamos volver a mirarnos como vecinos.
Volver a saludarnos. Volver a escucharnos. Volver a creer que, cuando nos organizamos y encontramos objetivos comunes, las cosas pueden ser distintas.
Porque la participación ciudadana también implica reconstruir la confianza.
Y esa confianza no aparece por decreto ni se consigue únicamente mediante campañas institucionales. Se construye cuando las personas descubren que su voz tiene valor, que sus propuestas pueden ser escuchadas y que involucrarse puede producir resultados.
Por supuesto, las autoridades tienen la obligación de abrir espacios reales de participación, escuchar a la ciudadanía y responder a sus necesidades. Pero nosotros también tenemos una responsabilidad: no renunciar a nuestro derecho de involucrarnos.
Mirar es cómodo.
Mirar es criticar desde lejos. Es decir que nada va a cambiar, que todos son iguales o que no vale la pena intentarlo.
Participar cuesta un poco más.
Exige tiempo, disposición y, muchas veces, paciencia. También implica escuchar opiniones diferentes, construir acuerdos y entender que no siempre conseguiremos exactamente lo que queremos.
Pero participar transforma.
Transforma nuestra manera de entender los problemas, nuestra relación con los demás y la forma en que asumimos nuestra responsabilidad dentro de la comunidad.
Y entonces aparece una pregunta que vale la pena hacernos:
¿Qué clase de ciudad estamos construyendo si todos esperamos que alguien más dé el primer paso?
Hoy quiero preguntarte de frente:
¿Vas a seguir mirando o vas a participar?
Porque Querétaro no necesita solamente espectadores que observen sus problemas desde la distancia.
Querétaro necesita protagonistas.
Ciudadanas y ciudadanos dispuestos a involucrarse, a preguntar, a proponer y a construir soluciones desde sus propias comunidades.
No tienes que cambiar toda la ciudad mañana.
Puedes comenzar por tu calle, por tu colonia, por esa reunión a la que nunca has asistido o por ese problema del que todos hablan, pero pocos se animan a atender.
A veces basta con dedicar una hora, escuchar a un vecino o levantar la mano para comenzar a hacer la diferencia.
Y si hoy decides hacerlo, quiero decirte algo:
Si tu respuesta es sí, ya dejas huella.
Porque tu participación puede convertirse en el ejemplo que otra persona necesita para atreverse también.
El ejemplo que tu calle, tu colonia y tu ciudad están esperando.
Soy Connie Herrera.
Territorio y Ciudadanía.
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